lunes, 13 de marzo de 2017

LOS PIES Y LAS MEDIAS



Jamás me gustó el tacto de las medias, pero reconozco que el contraste con la suavidad de la piel que cubren es justo lo que me hace superar la dentera. No es que en ese momento ansiara desnudarla impetuosamente ―de hecho, a mi edad la fogosidad de la pasión ya había dejado de parecerme una alternativa seductora―, pero tampoco puedo asegurar que en algún momento sopesara tal posibilidad. Además, los pies no  suponen para mí algo tan sensual ni excitante. Cuando leo a Junichiro Tanizaki y descubro su pasión fetichista por los pies de una tal Fumiko, no logro alcanzar ese punto de excitación que a él le provocan. Más bien me dejan indiferentes. El cuerpo de una mujer tiene, a mi juicio, lugares mucho más interesantes por los que perderse...
(Simón B. Novela en proceso)

lunes, 20 de febrero de 2017

KOTARO YU

Kotaro Yu era poca cosa: de estatura escasa y  complexión en apariencia frágil. Tan delgada que la ropa siempre parecía quedarle grande, como si se la comprara para otra persona. Le gustaba trabajar con camisa beige abotonada hasta el cuello, pantalón de algodón claro y zapatos de goma. No usaba delantal ni gorro. Nada de relojes, anillos o pulseras. Ni pelos en los brazos. Tan solo llegaba con una bolsa con los ingredientes del día y, colgado al hombro, una especie de rollo de cuero curtido en el que varios cuchillos se mantenían bien sujetos para el transporte, colocados por tamaño. El paquete iba sujeto con un cordón negro y jamás lo abrió antes de que empezara la clase.
Era mayor; como yo. O más.

domingo, 12 de febrero de 2017

TRAJE SASTRE


Tanto elogio era innecesario, aunque supuse que entraba dentro de las obligaciones de un sastre. Solo con asentir me bastó para terminar y con mi complacencia dejamos por fin zanjado el tema del traje. Tan solo quedaba pedir que lo llevaran a casa a la mayor brevedad posible. Así que, mientras un empleado recogía todo con la meticulosidad de un cirujano, yo tecleaba mi PIN personal en el datáfono, aceptando con un simple OK que una cifra nada despreciable de libras saliera de mi cuenta para pasar a la de Henry Poole...

lunes, 6 de febrero de 2017

MIRADA DE ENFERMO

Mi vecina, que a la vez es mi médica, me contó cómo debía tomar las medicinas. Al hacerlo, señaló con la punta del bolígrafo las notas que había escrito en un papel, y lo repitió varias veces como si estuviera dando clase de matemáticas a un niño. Me resultó algo vergonzoso que pensara adecuado anotarme una posología tan simple: “De estas te tomas tres al día, una después de cada comida. Y de estas te tomas una antes de acostarte. Lo haces durante tres días. ¿Entendido?”. Era sencillo, y sin embargo ella prefirió escribirlo con todo detalle. Quise pensar que lo hacía por celo profesional, y no porque me considerara incapaz de entenderlo a la primera. Tal vez, pensé, mi mirada de enfermo proyectara una imagen autista de mi persona...

jueves, 2 de febrero de 2017

ESA MEMORIA

El teatro estaba cerrado por su acceso principal, como es lo normal a esas horas de la mañana, así que directamente fui a la entrada de artistas de la calle lateral, donde un telefonillo roñoso era la única vía de comunicación con el interior. Me abrió un técnico de iluminación al que conocía de otras ocasiones pero del que había olvidado el nombre. Él, sin embargo, me trató por el mío y me acompañó hasta la entrada lateral de la platea, rogándome hiciera el menor ruido posible porque el ensayo estaba en marcha.
Ya sabe que a su mujer no le gusta que la interrumpan ⸻me dijo susurrando antes de entrar.
Ex mujer ⸻aclaré⸻. Ex.
Al parecer aquel tipo era bueno con los nombres, pero muy malo para acordarse de lo importante.

viernes, 27 de enero de 2017

EL DÍA QUE LA CAGUÉ

No quiero volver a verte nunca más”. La cabrona lo dejo escrito en un puto pos-it y luego lo pegó en la nevera, junto al imán de nuestro viaje a Berlín, con recochineo, dando por saco, como siempre. Y encima con esa letra suya de médico internista que no hay dios que la entienda a la primera. No me jodas.
Uno tiene también su corazoncito y en un ataque de rabia cogí el móvil. ¿No dicen que romper una relación por whatssap jode mucho? “Pues que te follen”, escribí.
Luego, más calmado, conseguí descifrar lo que ponía debajo del pos-it: “La estrenan el viernes, ¿vamos?”.


jueves, 26 de enero de 2017

MEJOR NO APUESTO

Estoy ahí en medio. Soy el único que no lee la prensa, aquel que lleva su informe médico anual en las manos. El que mira sin apenas interés cada uno de los apartados, la mayoría de los cuales no sé lo que significan. Conocer la trascendencia del índice de saturación de transferrina o saber el tiempo exacto de tromboplastina parcial activada, no hacen que me sienta más o menos sano. Solo busco los asteriscos que los médicos colocan al lado de cada referencia en el caso de que los resultados estuvieran descompensados, bien por exceso o bien por defecto. La ausencia total de ellos no consigue hacerme más feliz de lo que soy. Pasada la analítica llegan los resultados de las biopsias, los diagnósticos endoscópicos, los electrocardiogramas, resonancias y todo eso. La confirmación de que mi estado de salud no tiene asteriscos no supone un punto de inflexión a partir del cual mi ánimo repunta. Pensar en qué pasaría conmigo en el caso de que algún asterisco malicioso se cruzara en mi camino es algo que no merece la pena. Pensar en posibles enfermedades es, para mí, una enfermedad en sí. Tal vez alguien debería ponerle nombre a esa patología. Siempre he evitado hacer estimaciones de posibilidades porque jugar con el futuro supone arriesgarse a que se cumpla lo que imaginas. ¿Para qué apostar?